“Age is But a Number, and I was Never Very Good at Math”” ~Anita
Tuesday, April 14, 2026
Cuando la Vida Me Dejó Sola, Aprendí a Escucharme
Hay aprendizajes que no vienen de los libros, ni de los maestros, ni de los templos.
Hay aprendizajes que solo llegan cuando la vida te deja sola con tu alma.
Mi soledad no fue un accidente.
Fue un maestro.
Después de mi divorcio, me encontré viviendo en lugares donde nadie me conocía, donde no había ruido, donde no había distracciones. Y ahí, en ese silencio que al principio dolía, descubrí algo que cambió mi vida: si yo podía entender algo, podía manejarlo. Aunque fuera duro. Aunque fuera injusto. Aunque fuera mío.
Por eso estudié.
Estudié Cábala.
Estudié a Emilio Carrillo.
Escuché a TUT, a Abraham, a Alan Cohen.
Me alimenté de cada mensaje que me recordaba que la vida no es lo que te pasa, sino lo que haces con lo que te pasa.
Yo no buscaba “ser espiritual”.
Yo buscaba comprender para poder vivir.
Y un día lo entendí:
La felicidad no es una estación donde uno se baja.
No es un destino.
No es un premio.
La felicidad es el recorrido.
Es cómo caminas.
Es cómo miras.
Es cómo decides interpretar lo que te toca vivir.
Lo entendí en carne viva.
Cuando estuve enferma, no me rendí.
No me quedé llorando.
No me quedé en víctima.
Me compré máscadas lindas.
Me reinventé.
Acepté mi dolor.
Acepté mis malos humores.
Acepté mi proceso.
Y seguí.
Porque cuando entiendes que tu velocidad la creas tú, la vida cambia.
Cuando entiendes que todo depende de ti, la vida se abre.
Cuando entiendes que el cambio es la vida misma, dejas de resistir y empiezas a fluir.
Mis hijos fueron mi mayor amor.
Mi mayor entrega.
Mi mayor propósito.
Les di todo lo que tenía, incluso cuando no tenía nada.
Y por eso no tengo resentimientos.
Porque cuando das desde el alma, nunca pierdes.
Hoy, desde mi alma, en silencio, creo mis cortos.
Creo mis homenajes.
Creo mis rituales digitales.
Creo mi manera de honrar a quienes caminaron antes que nosotros.
Fernando entra, me distrae un ratito, me trae algo de comer, y luego lo mando para afuera para seguir creando.
Porque este espacio, este silencio, esta creatividad…
es mi templo.
Y ahora puedo convertir mi vida en palabras.
Puedo transformar mi historia en algo que otros puedan leer, sentir y quizá reconocer en sí mismos.
No temo al cambio.
Lo honro.
Porque el cambio es la vida misma.
Y yo, después de todo lo vivido, finalmente aprendí a vivir.
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