Monday, May 16, 2016

Reflexiones de mi mente...


 4:30 am, me siento cansada pero mi mente se siente con energía, tengo que esforzarme como nunca lo hice antes, de lo contrario siempre será "Día de la Marmota". Sé que puedo despertar y ver cambiar al día siguiente!

Estaba pensando esta madrugada a las 3:00 mientras conducía por esas maravillosas calles del centro de Seattle y la mayoría de la ciudad aún está dormida. ¿Alguna vez has manejado a esas horas? Casi toda la ciudad es tuya, la compartes con algunas personas que también van a trabajar y no nos olvidemos de aquellas personas que viven en las calles.

Hablábamos de eso en nuestro camino al trabajo de mi marido, "En los Estados Unidos de América, no hay ninguna razón por la qué alguien debería estar viviendo en las calles", dijo mi esposo con firme convicción. Y eso nos llevó de regreso  a nuestros humildes comienzos en éste país como recién casados, en el otoño de nuestras vidas y empezando desde cero otra vez. Un reto sin duda, hemos tenido que asumir roles que nunca habíamos tenido y otros que sí pero los odiaba; de lo contrario, sencillamente no podíamos habernos quedado y mucho menos crecido.

Han pasado tres largos años que llegamos como pareja, sabíamos que queríamos quedarnos a vivir aquí para construir una vida, algo que ofrecer a nuestros hijos, nietos, a promover una unidad familiar que nuestras acciones en el pasado contribuyeron a romper.

En tres años, hemos tenido incontables experiencias, vivído en varios lugares. Desde alquilar una habitación en la casa de una señora de la limpieza que ni conocíamos; vivía en un edificio de renta baja dentro de una comunidad de nivel más alto.

Recuerdo llegar a ese departamento el día que nos casamos, 25 de junio de 2013, nunca olvidaré ese día. Abrimos la puerta del apartamento, la habitación que rentabamos tenía una cama doble pegada contra la pared para que cupiera, mi marido mide 1m.98cm. y yo ODIO dormir junto a una pared, soy un espíritu libre y necesito sentir esa misma sensación de libertad cuando me voy a acostar para descansar cada noche después de un buen y largo día de trabajo. 

Después de allí pasamos por otros pequeños apartamentos, uno que era un cuarto de hotel, no tenía ni cocina, solo un pequeño micro-ondas y un lavabo que funcionaba como lavamanos también porque no había uno en el baño, pero nunca volvimos a compartir un techo con nadie y llegamos a donde estamos hoy, un precioso estudio en la 7ª planta de un lindo edificio. El apartamento da a un hermoso parque con vistas del Lago Washington y Monte Rainier. Podemos ver el amanecer y el atardecer, la salida de la luna que brilla por nuestra ventana al final del día cuando nos abrazamos.

Mi esposo atravieza la calle para tomar el tren que en 15 mins. lo deja en el centro de Seattle y camina 3 cuadras para llegar a su trabajo, yo conduzco a lo largo de todo el Lago Washington en nuestro nuevo auto, escuchando mi música favorita para llegar a mi trabajo. Han pasado solo tres años.


Reflexionando…

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